Tres palabras que se usan como si fueran la misma
La obra única
Existe una sola. Es la pieza que un coleccionista compra sabiendo que nadie más tendrá esa imagen en su pared. Es el extremo caro del mercado, y tiene sentido cuando el espacio lo merece: un vestíbulo, un despacho de dirección, un salón.
La edición limitada
Existe un número cerrado de ejemplares, cada uno firmado y numerado. Es el punto de equilibrio del arte gráfico: la obra sigue siendo del autor, el precio es razonable, y la tirada acota la rareza. La palabra que importa aquí es cerrada: una edición que se reimprime cuando se agota ha dejado de ser una edición.
La reproducción
Existe sin límite. No hay nada malo en ella —viste una pared y cuesta poco—, pero conviene llamarla por su nombre: no es una obra, es una imagen impresa. No se revende, no se hereda con valor, y la mayoría amarillea.
Cómo distinguirlas en treinta segundos
1. ¿Cuántos ejemplares existen y cuántos quedan? Si no hay una cifra clara, no hay edición.
2. ¿Va firmada y numerada a mano por el autor?
3. ¿En qué papel, y con qué tintas? Algodón y pigmento, o nada.
4. ¿Quién responde si dentro de diez años el color ha virado?
Lo que hacemos aquí, y por qué
La obra de Cassano se edita en tirada cerrada, firmada, sobre papel de algodón, y llega enmarcada con metacrilato —que pesa la mitad que el cristal y no genera aristas si recibe un golpe. Es una decisión práctica, no estética: en un local con público, un cristal roto no es un desperfecto, es un accidente.
Y hay una cosa que no se negocia: lo que se dice de una pieza es lo que la pieza es. Si son cincuenta ejemplares, se dice cincuenta.
Si lo que tiene entre manos es un proyecto y no una pieza suelta, aquí está todo lo que hay que decidir antes de colgar nada — con los formatos, los plazos y el presupuesto cerrado antes de empezar.